Keuken grondig schoonmaken in 5 stappen

Limpiar la cocina a fondo en 5 pasos

¿Tu cocina necesita una limpieza a fondo, pero no sabes por dónde empezar? No te preocupes: con este plan de 5 pasos dejarás tu cocina reluciente, desde el horno hasta la encimera. Cubrimos todas las partes importantes: el horno, el frigorífico, el desagüe, los armarios de la cocina y la encimera. Sigue los pasos uno a uno y seguro que no te saltas nada. Ponte los guantes de limpieza, pon tu música favorita y ponte manos a la obra. ¡En poco tiempo tu cocina brillará como nueva!

Paso 1: Limpiar el horno

Los hornos son famosos por los restos de comida pegados y la grasa, pero con el enfoque correcto los dejarás relucientes.

Saca primero las rejillas y bandejas del horno. Puedes dejarlas en remojo en el fregadero o en una palangana con agua caliente y un poco de detergente o bicarbonato. Mientras las rejillas están en remojo, concéntrate en el horno. Quita las migas y restos de comida sueltos con un paño húmedo o papel de cocina. Luego prepara una pasta de baking soda mezclando bicarbonato con agua tibia hasta obtener una pasta cremosa. Unta esta pasta sobre la suciedad pegada en el horno (evita los elementos calefactores). Lo ideal es dejarla actuar toda la noche: el bicarbonato afloja la suciedad quemada mientras duermes.

Al día siguiente limpia el horno con un paño húmedo. Los residuos difíciles ahora se quitan mucho más fácil. Usa una esponja suave o una esponja Scrub Daddy (que no raya) para frotar las manchas pegadas. Enjuaga la esponja con frecuencia. ¿Tienes suciedad muy difícil que aún no sale? Usa un as bajo la manga: la pasta limpiadora The Pink Stuff. Este producto milagroso es muy efectivo contra la suciedad rebelde, pero suave con hornos y otras superficies. Aplica un poco de Pink Stuff sobre la mancha, déjalo actuar un momento y límpialo — a menudo no hace falta frotar mucho. Por último, no olvides las rejillas del horno: frótalas después del remojo (por ejemplo con un cepillo para platos) y sécalas. Tu horno estará limpio y listo para usar, sin olores quemados ni humo al cocinar.

Paso 2: Limpiar el frigorífico

Un frigorífico limpio es importante para la higiene y mantiene los alimentos frescos por más tiempo. Lo ideal es hacer esta tarea justo antes de hacer la compra, para que el frigorífico esté bastante vacío.

Apaga el frigorífico y saca todos los alimentos. Guarda los productos perecederos temporalmente en una nevera portátil o bolsa térmica. Ahora puedes quitar las partes desmontables: saca estantes, bandejas de cristal, cajones y rejillas. Llena el fregadero o una palangana con agua tibia y un poco de detergente (o limpiador multiusos) y deja estas partes en remojo. Usa una esponja suave o un paño para limpiarlas bien.
**Atención:** nunca limpies las bandejas de cristal con agua hirviendo si están frías, porque pueden romperse por el cambio de temperatura. El agua tibia está bien, o deja que las bandejas alcancen la temperatura ambiente antes de limpiarlas. Enjuaga todas las partes y sécalas bien con un paño limpio.

Luego limpia el interior del frigorífico. Limpia paredes, fondo y compartimentos de la puerta con un paño y una solución suave (por ejemplo unas gotas de detergente en agua tibia). No olvides las juntas de goma de la puerta, donde suele acumularse suciedad o moho, así que límpialas bien. Seca todo con un paño seco. También limpia el exterior del frigorífico, incluyendo el tirador (un foco de huellas y bacterias). Vuelve a colocar los estantes, cajones y rejillas secos. Enciende el frigorífico y vuelve a poner los alimentos de forma ordenada. Un consejo: limpia los envases con un paño antes de guardarlos para que frascos y botellas estén limpios por fuera. Tu frigorífico limpio es ahora un ambiente fresco para tus compras: restos de comida y olores han desaparecido.

Paso 3: Limpiar el desagüe y fregadero

El fregadero y el desagüe se ensucian rápido por restos de comida y grasa. Un fregadero limpio brilla, y un desagüe limpio evita malos olores y atascos.

Empieza por el fregadero. Saca el colador o tapón del fregadero (si lo tiene) y quita toda la suciedad y restos de comida. Estas partes sueltas puedes, como se mencionó antes, meterlas en el lavavajillas para limpiarlas a fondo. Limpia el fregadero con el lado abrasivo de una esponja (o un paño de microfibra) y un poco de limpiador o detergente que prefieras. Para fregaderos de acero inoxidable funciona muy bien una pasta de bicarbonato y agua: limpia sin rayar. Enjuaga el fregadero con agua caliente.

Ahora el desagüe. Para evitar malos olores y suciedad en las tuberías, puedes usar un remedio casero sorprendentemente efectivo. Echa unas 2 cucharadas de bicarbonato en el desagüe y vierte lentamente una taza de vinagre caliente de limpieza. Empezará a burbujear y hacer espuma — esto es bueno, porque la reacción burbujeante afloja la suciedad y grasa pegada en el desagüe. Deja actuar esta mezcla unos 10 minutos (mientras tanto puedes empezar el paso 4) y luego vierte un litro de agua hirviendo para enjuagar. Tu desagüe quedará limpio y se solucionarán posibles atascos incipientes. Por último, si quieres, puedes usar un producto especial para desagües para mayor seguridad, por ejemplo el Yugou Foam Drain Cleaner que hace espuma en la boca del desagüe y arrastra todos los restos. Haz esto preferiblemente una vez al mes como prevención. Un desagüe limpio huele neutro y permite que el agua fluya sin problemas.

Paso 4: Limpiar los armarios de la cocina

La grasa y el polvo se acumulan fácilmente en y sobre los armarios de la cocina, especialmente alrededor de la estufa. Limpia las puertas de los armarios regularmente para evitar una capa pegajosa.

Abre todos los armarios y revisa su contenido con ojo crítico. Saca alimentos o vajilla que estorben para poder acceder bien a todas partes. Usa un paño suave y húmedo de microfibra con un desengrasante (por ejemplo un limpiador multiusos o agua tibia con detergente) para limpiar el exterior de las puertas de los armarios. No olvides los tiradores y bordes, donde se acumula mucha grasa y suciedad de los dedos. Para grasa difícil puedes usar un desengrasante especial de cocina o un poco de spray desengrasante (como el limpiador de cocina Fabulosa): rocía sobre la superficie, deja actuar un momento y limpia. Los armarios de madera es mejor no mojarlos demasiado; un paño ligeramente húmedo con una gota de detergente suele ser suficiente para quitar manchas, luego seca bien.

El interior de los armarios también merece atención periódica, especialmente la despensa o el armario de especias. Una o dos veces al año puedes hacer una limpieza profunda: saca todas las provisiones y aspira o barre las migas. Si hay migas o restos de azúcar sueltos, aspíralos. Limpia las baldas con un paño escurrido y un limpiador suave, seca y vuelve a colocar todo ordenadamente. Revisa también si hay productos caducados — ¡dos pájaros de un tiro! Por ahora, en la limpieza regular de la cocina, basta con limpiar las puertas y bordes para que todo luzca ordenado. Los armarios limpios no solo son más higiénicos (sin manchas que atraigan plagas), sino que también dan un aspecto renovado a tu cocina.

Paso 5: Encimera, azulejos y toque final

En el último paso limpiamos la encimera y el salpicadero para que brillen y damos los toques finales para que toda la cocina esté fresca.

Empieza con la encimera. Aparta todos los objetos sueltos de la encimera (electrodomésticos, especieros, etc.) para poder limpiar libremente. Limpia la superficie con agua tibia y un poco de limpiador multiusos o detergente. Usa un paño de microfibra para mejores resultados: atrapa bien la suciedad y las migas. ¿Quedan manchas o suciedad pegada? Una gota de desengrasante concentrado o un poco de bicarbonato en una esponja puede hacer maravillas. Luego enjuaga la encimera con un paño limpio y húmedo y sécala completamente con un paño seco. Una encimera seca se mantiene limpia e higiénica por más tiempo, porque la humedad es un caldo de cultivo para bacterias.

Continúa con el salpicadero y azulejos sobre la encimera (si los tienes). Los azulejos de cocina reciben mucho vapor grasiento. Rocía un buen desengrasante sobre los azulejos — por ejemplo un spray limpiador Fabulosa o una solución de vinagre — y límpialos con una esponja. Pon especial atención a las juntas entre los azulejos. Si ves decoloración (por ejemplo manchas negras o amarillentas), aplica un poco de vinagre o lejía en las juntas. Deja actuar unos minutos y luego frota las juntas con un cepillo de dientes viejo. Después limpia toda la pared de azulejos con agua limpia para eliminar restos de productos. Un truco para azulejos brillantes: al final límpialos con un cubo de agua tibia con un poco de suavizante de telas — esto hace que los azulejos brillen y la cocina huela fresca.

Por último, revisa si has olvidado algo. Limpia el fregadero y el grifo (pasar un limón por el grifo elimina la cal y le da brillo), vacía la papelera y pon una bolsa nueva. Como toque final, barre y friega el suelo de la cocina para una sensación de limpieza total. Usa un limpiador de suelos adecuado — hay productos excelentes como el limpiador de suelos Pink Stuff que elimina la suciedad y deja un aroma fresco. Vuelve a colocar en la encimera todo lo que habías apartado y admira tu trabajo: ¡la cocina parece nueva!

Con este plan de pasos puedes limpiar tu cocina a fondo de forma estructurada y eficiente. Puedes hacer pausas entre pasos, pero asegúrate de hacerlos todos regularmente. Cuanto más mantengas, menos pesada será cada limpieza. ¡Mucho éxito con tu cocina impecable!

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